ExitEscucha la Crítica de Exit through the Gift Shop

Imagen: Foto sacada por Antonio Peláez de los artistas urbanos que pintaron una furgoneta y un pasillo en la “Plaza de los Cubos”, junto a los Cines Princesa.

 

Hay películas que son reconocidas como obras de culto y hay películas que están destinadas a marcar un tiempo. También hay películas malas, regulares, buenecillas, y otras muchas más categorías, pero “Exit through …” es una de esas películas que nacen desde su concepción para ser una obra de culto, pero que, desde mi punto de vista, debería además ser de las que marca una época. Porque detrás del enigmático e incluso tomando un adjetivo tan de moda hoy en día como “mediático” Banksy, se encuentra en realidad un personaje irrepetible que no sólo nos hace disfrutar con una película de excelente factura, sino que con el tiempo la misma no se nos despega y nos impulsa a reflexionar sobre la misma naturaleza del arte en sí.

 

Hacer todo eso y de forma muy entretenida es lo que me hace pensar que “Exit …” debería -dependerá quizá del público, pues hay parte de la crítica que ya ha mostrado quedarse perpleja ante la cinta y no saber muy bien qué decir- ser una de esas películas que marcan una época.

 

En primer lugar, por su argumento. Aparentemente comienza como una historia de “grafiteros”, un documental que, como dice el propio Banksy -que a lo largo de la película sin que se le vea un ápice de su cara está genial-, cuenta la historia de alguien que quiso hacer un documental sobre él. Ya estamos dándole la vuelta a la hoja y el filmador empieza a ser el filmado. Conocemos, por tanto, a un tipo curiosísimo, Thierry Guetta, que se dedica a grabar en vídeo a todos los artistas callejeros que conoce. Comienza con un primo suyo y termina haciéndose amigo de prácticamente todos, salvo … Sí, salvo Banksy, que tarda en entrar en su círculo, pero cuando se da cuenta del valioso material que tiene, le anima a realizar una película con el mismo.

 

Es cine dentro del cine, documental y falso documental, es una amalgama increíble, pero presentada con tanta claridad y tanto sentido del ritmo que uno podría a llegar a pensar que al ser Banksy un tipo tan enigmático y oculto, el director podría haber sido otro. En cualquier caso, él firma como director y lo hace con una obra que sostiene un pulso excepcional y que nos lleva a donde quiere con una fluidez extraordinaria, así como una capacidad para sorprender y hacer reír que no se veían desde hacía mucho.

 

Porque en realidad en primer lugar nos presenta el desconocido (por lo menos para mí) mundo de los artistas urbanos, conocemos los distintos estilos, materiales, etc., de una forma completamente narrativa, casi como si se tratara de un thriller. Sí, hay un narrador que es Rhys Ifans, pero no nos encontramos ante un documental al uso, sino que Banksy más bien nos sumerge de lleno en el mundo (en cierto sentido, ilegal) de los artistas urbanos para que corramos a su lado.

 

No contento con esto, a continuación sigue planteando temas, como el uso del montaje dentro del mundo del cine, el valor del arte contemporáneo, el uso del marketing para “dar validez” a obras de arte porque sí. De una forma casi invisible, aprovecha para reivindicarse como artista, pero al mismo tiempo la película nos da una definición de lo que es el arte ofreciéndonos lo contrario, lo que no es. En ese sentido, es casi una obra necesaria para alumnos de bellas artes o cualquier persona interesada en el arte en general; sería el capítulo uno: la definición y la reflexión sobre lo que quieres hacer.

 

Como película de debut, Banksy ha dado en el clavo, ha deshecho el estéril debate de algunas revistas pretendidamente sesudas sobre los límites de la ficción, y los ha establecido mucho más allá de lo que podamos creer. Ha creado una obra con una apariencia ligera, liviana, pero que al mismo tiempo, con la misma fluidez y rapidez con que va desenredando el argumento, nos va dejando preguntas para el debate. Es de esas películas que se agradece ver con un grupo de amigos para que cada uno de ellos saque una conclusión o aporte algo al debate posterior.

 

Pero sobre todo ha hecho cine, un cine maravilloso, se ha inventado un mundo y, aunque de rondón, se ha justificado a sí mismo e incluso se ha permitido decir “Banksy no volverá a colaborar en películas de este tipo” (¿cómo?, si tú eres el director -nota: en el pase de prensa algún despistado ni siquiera lo sabía), en el fondo nos ha lanzado esta obra para que cada uno de nosotros la completemos con nuestras reflexiones.

 

En ese sentido es tremendamente moderno, más aún que sus graffiti, sus mensajes o todo lo que se vaya a inventar Banksy, pero su grandeza pasa por que para ser moderno no ha tenido que distorsionar el lenguaje con que se presenta ni ponerse grandilocuente o ampuloso. Ha mostrado todo con apariencia de sinceridad, con ánimo de enganchar y consigue engancharte no sólo cuando ves la película, sino después. Y eso es lo que la hace una gran obra y me hace subirle la puntuación que le había puesto antes:

 

8,5/10

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2 comentarios sobre “Crítica de Exit through the Gift Shop

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