La mitad de OscarEscucha la crítica de La mitad de Óscar, de Manuel Martín Cuenca (Crítico: Antonio Peláez).

Crítica de “La mitad de Óscar”

Crítico: Antonio Peláez

LA MITAD DE ÓSCAR

Director: Manuel Martín Cuenca

Guión: Alejandro Hernánez, Manuel Martín Cuenca

Intérpretes: Rodrigo Sáenz de Heredia, Verónica Echegui, Denis Eyriey, Antonio de la Torre

web: http://www.lamitaddeoscar.es

Gracias al cine tenemos una pantalla a la que dirigir la mirada. Esa pantalla, a lo largo de los más de cien años de existencia de este arte, se ha ido convirtiendo (sobre todo gracias a los que realmente estaban convencidos de que el cine es arte) en un horizonte al que dirigir la mirada, siendo cada uno de los espectadores los dueños de la misma. Cuando un director, en un intento de reivindicarse, nos intenta robar la mirada, él podrá justificarse como quiera e incluso podrá hacerlo en varios idiomas, pero está haciendo cualquier cosa menos arte.

Y esto es lo que le pasa a Manuel Martín Cuenca en “La mitad de Óscar”, su tercera película después de la curiosa “La flaqueza del bolchevique” y la muy interesante “Malas temporadas”.

La cinta se centra en la relación entre el Óscar del título (que, por cierto, elude toda capacidad de llamada a la metáfora y nos indica que el director toma partido por el protagonista) y su hermana. Se reencuentran después de dos años en los que no se habían visto, ni hablado, por culpa del agravamiento en la enfermedad de su abuelo.

Entre medias, Martín Cuenca realiza un camino -en ocasiones bien encuadrado- por los terrenos de la abulia. Personajes sin ningún tipo de ilusión, como el jubilado que acude a comer con el protagonista a las desangeladas salinas en que trabaja de guarda o el mismo insólito taxista que encarna Antonio de la Torre, e incluso el prescindible Jan, novio de la hermana de Óscar, enmarcan esta cinta estática en la que todo se encuentra al servicio de una persona obsesa y deprimida que cualquiera podría calificar como carne de psicólogo, pero que el realizador no busca ya comprender, sino utilizar como una llamada de atención.

El silencio, la estaticidad, la aparentemente caprichosa duración de las secuencias, los cambios de tono dentro de una película que en general bebe de la indolencia, muestran que el director ha adquirido en esta cinta una innegable voluntad de estilo, que ha cambiado completamente la dirección más acomodada a un cine “convencional” que mostraba en sus anteriores películas. Pero el problema es que quiere hacérnoslo notar y en algunos momentos aburre, especialmente porque la relación en que se basa el relato ni se sostiene ni interesa en ningún momento.

Tiene, eso sí, momentos interesantes, pero que en general no sabe resolver. Encuentra un paisaje de apertura para la película, con el encuadre tomado desde las salinas, que resulta muy atractivo, pero no sabe sostener el plano de acuerdo al ritmo que ha instaurado en la película; la secuencia de la playa podría ser más interesante si no fuera tan obvia por el alejamiento del novio francés, el modo en que el viento le acaricia a ella la cara (como si fuera él, que ya no la toca), …, y especialmente tiene una secuencia hacia el final, con los dos hermanos confesándose ante un amanecer, que podría haber sido muy hermosa, pero sus intenciones terminan, como todo en esta obra, siendo obvias, terriblemente obvias.

Intentando desarrollar un lenguaje propio, Martín Cuenca nos presenta un guión vacío, carente de sentido, al servicio de su propia estética y que incluso cae (cuando filma al abuelo de los protagonistas, un enfermo real de Alzheimer, no un actor) en el más descarado morbo televisivo. Da la impresión de que el ego, una especie de afán de reconocimiento, se come al artista en una obra que podría haber acompañado a los trabajos de directores (como Javier Rebollo, por poner un ejemplo) que están creando un lenguaje cinematográfico personal en España. Pero, al igual que sus personajes, al final le puede la falta de interés (que se transmite a la forma de actuar de todo el elenco en general) y cuando el director es el primero que no se interesa por sus personajes, su historia, por la vida en sí, es muy difícil que capte el interés de los espectadores.

4/10

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