Inside JobEscucha la crítica de Inside Job, de Charles Ferguson (Crítico: Antonio Peláez)

THE INSIDE JOB

Director: Charles Ferguson

Guión: Chad Beck, Adam Bolt

Protagonistas: Matt Damon (Narrador) y muchísimas entrevistas

 

Ya desde los años 20 del siglo pasado, tanto el Flaherty de “Nanook el esquimal”, como el Dziga Vertov de “El hombre con la cámara” nos hicieron ver que el documental no era -ni había sido- esa especie de espejo objetivo que algunos reportajistas pretenden hacernos creer. Esta cuestión se ha agravado en los últimos años con la aparición de un fenómeno cinematográfico conocido como el MichaelMoorismo que consiste en tratar de un tema de actualidad que en cierto modo te afecte a ti y hacer un documental sobre ello en el que el principal protagonista seas tú mismo.

Todo esto viene a colación porque con “The Inside Job”, Charles Ferguson (cuyo anterior y primer trabajo -oh, casualidad- criticaba la Guerra de Irak) viene a erigirse en el abanderado de un tipo de documental que va más allá, pues manipula tanto como el propio Michael Moore, pero no se permite el lujo de dejarse ver en pantalla, por aquello de resultar más creíble y parecer (sin serlo en absoluto) más objetivo.

Narrado con un estilo en ocasiones ampuloso y con la voz de Matt Damon, que sin embargo no es la que hace las incisivas preguntas, “The Inside Job” viene a decirnos que la culpa exclusiva de la crisis financiera mundial la tienen los directivos de los bancos. La tesis y algunas de las explicaciones no están alejadas de la realidad, un mero análisis económico y de riesgos nos podría llevar a unas conclusiones, como mínimo, parecidas, pero el problema es que el guión de la película se encuentra radicalmente cerrado y estructurado en torno a esta premisa y el director nos lleva de la mano para que distingamos quiénes son los buenos y quiénes los malos.

De este modo, casi todos aquéllos a los que en la cinta se acusa de no haber regulado suficientemente el sistema financiero y de haber ayudado a sus magnates, se niegan a ser entrevistados en el documental y esta información se nos presenta como si fuera una prueba inculpatoria de su culpabilidad. A uno incluso llegan a darle pena (como la llegaba a dar aquel Charlton Heston enfermo -pero no por ello menos radical en sus ideas a favor de las armas- del que se mofaba Michael Moore) aquéllos que no se han dado cuenta dónde se han metido y a los que Ferguson graba incluso cuando piden que no les grabe. No digo que el director mienta (que también, pero en cuanto sitúas la cámara en cierto sentido ya mientes, o seleccionas la realidad), sino que utiliza a los numerosos entrevistados que aparecen en este reportaje (pues es eso más que una obra documental o de no ficción) para que se hagan eco de sus tesis.

En este sentido, llama la atención cómo despacha en la primera secuencia antes de créditos la bancarrota islandesa, con un diagnóstico completamente alejado de la realidad y avalado por apenas tres supuestos expertos, entre los que se encuentra un director de cine. También, comparando esa especie de mini-reportaje sobre Islandia con el gran reportaje sobre Estados Unidos y su influencia en el resto del mundo, llama la atención que el director (encarnado en la voz de Damon) siga la estructura ya conocida en las literaturas europeas de “La edad de oro”, en la que se glorifica un pasado casi perfecto y se echan todas las culpas del presente calamitoso a los malos que nos hicieron perder el Paraíso.

Ése es el gran delito de una película que se deja ver fácilmente, tiene un ritmo estupendo y que encantará a los amantes de las polémicas (es muy televisiva, es una especie de Noria de Telecinco, pero con más gusto en la realización y mucho más dinero en la producción). Pero si la observamos con una mírada crítica y con un espíritu que no se deje llevar por el paternalismo que el director y los guionistas le han impuesto, nos daremos cuenta de que se trata de una obra manipulada y manipuladora, que nos muestra casas vacías cuando habla de hipotecas sin pagar (¿quién me dice que los habitantes de esas casas no se han ido a trabajar?), naves industriales vacías cuando habla del paro, que corta muy rápidamente todas las declaraciones de sus entrevistados para que no cuenten más allá de lo que le interesa al director de acuerdo al guión preestablecido y que, curiosamente, sirve para entronar como una especie de filántropo al mayor tiburón financiero del mundo, al controvertido George Soros, que con los movimientos de capital de sus empresas ha sido capaz de tumbar varios mercados financieros.

Interesante, muy trabajada, con una fuertísima producción, “The Inside Job”, sin embargo, es una obra que manipula sin ambages al espectador, y que además intenta ocultar esa manipulación bajo un halo de objetividad que no busca en ningún momento. Es una pena, porque muchas de las tesis, de las entrevistas y de los documentos que aportan podrían haber sido mucho más importantes e impactantes en un auténtico documental de investigación y no en esta pieza de polemista reportaje televisivo.

 

6/10

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