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Bienvenidos a la primera crónica de Radiocine del 59 Festival de San Sebastián. Un festival que se presenta con un director nuevo, con una, a priori, interesante sección competitiva y también con una renovada sección Zabaltegi-Perlas, donde (este año sí) podremos ver algunas de las mejores películas que han pasado por otros festivales.

Antes de empezar con las películas que hemos visto, creo que conviene hacer una pequeña reflexión, en primer lugar porque para mí, y hablo exclusivamente de una opinión personal, el Festival de San Sebastián ha perdido el atractivo que solía tener. Entiendo que por un lado es una cuestión quizá de repetición, cansancio o agotamiento -llevo viniendo muchos años-, pero que por otro termina cansando el hecho de ver en general una línea de programación repetida, un cierto tipo o más bien tono de películas, que -para más inri- ahora podemos ver sin las prisas de una programación cerrada a través de algunas páginas de internet como Filmin, Filmotech, etc.

Resumiéndolo en una pregunta: ¿San Sebastián es un festival que descubre cineastas? No. A veces lo ha hecho, sí, pero no es un festival descubridor, ni su estructura está hecha para serlo. Y su estructura lleva mucho tiempo sin cambiar, lo cual le ha permitido mantener un buen nivel de programación (en algunas ocasiones muy bueno, en otras regular), pero muestra una gran falta de riesgo (pese a casos como Elisa K o Aita el año pasado).

En este sentido, nos encontramos con las mismas secciones de todos los años: Oficial, Zabaltegi (Perlas, Nuevos Directores y Especiales), Made in Spain, Zinemira (la que antes era el Día del Cine Vasco y que quedó tan desprestigiada que tuvieron que cambiarle el nombre) y las películas del velódromo, que son los taquillazos del momento apoyados normalmente por distribuidoras americanas. La única incorporación ha sido la de “Cine gastronómico” (Culinary Zinema), que no pasa de la anécdota, como la de cine infantil. Se sigue echando muy en falta una sección (aunque fuera con muy pocas películas) de cine más vanguardista o arriesgado, como tienen Venecia o Cannes.

Pero lo que también necesita este festival es una reflexión desde el otro lado, de la crítica. Me da la impresión de que, a pesar del gran número de webs que han salido, de las diferentes personas que forman (o formamos parte de la crítica cinematográfica en España), la crítica apenas ha evolucionado. Casi prefiero no hablar de Radiocine, pues nuestra irregularidad y el propio concepto de nuestra radio, que se encuentra completamente abierta a cualquiera que quiera colaborar y/u opinar, no nos hace un modelo de reflexión crítica, pero tanto la formación periodística y, en muchos casos me da la sensación, la falta de rigor crítico artístico de gran parte de la crítica (que griten más o menos no garantiza su necesario periodo de reflexión) como, por otro sector, el vacuo encumbramiento de cintas de reducido presupuesto y vacías propuestas seudonihilistas que se tratan de alabar con retorcidas frases como las que estoy empezando a usar no hacen ningún favor ya no a nuestro cine, sino al que se presenta en San Sebastián. Quizá sea el momento de decir: no tengo prisa para hacer una crítica y me la quiero pensar, en vez de responder al público con la misma urgencia que nos pide una opinión en la que de inmediato se dan calificativos tan difíciles de otorgar en un primer vistazo como el de “obra maestra”.

Dicho esta parrafada, creo que nos corresponde disfrutar un poco con las películas que pudimos ver ayer, que son bastantes y, en general, buenas.

INTRUDERS, dirigida por Juan Carlos Fresnadillo.

Una de las películas más vacías que han abierto el festival en los últimos años. Tras casi hora y media en que lo único que ves es dos familias en que a los niños les da miedo un hombre encapuchado que se mete en su habitación (a mí también me lo daría, la verdad) y a quienes parecen entender en cada caso su padre y su madre, viene la sorpresa final y le da todo el sentido y la supuesta emoción.

En fin. Que dan ganas de no seguir con la crítica, ponerle un cuatro o algo así y pasar a ota cosa, pero después del rollazo que os he echado sobre la crítica de cine en España no creo que deba hacerlo.

En cualquier caso, la cinta bebe de todos los tópicos o, más bien, de los topicazos más rancios del género. Intenta ser una especie de “Pesadilla en Elm Street” sin Freddy y se convierte en un corto repetitivo, que si hubiera durado en torno a veinte minutos podría haber tenido su gracia, pero que estira en exceso su propuesta a base de una iluminación oscura y una música incidental que sólo pretende dar sustitos. Vamos, que es un rollo.

NO HABRÁ PAZ PARA LOS MALVADOS, de Enrique Urbizo, con José Coronado

Ésta sí es buena, aunque la impericia flagrante de Helena Miquel (con esto quiero decir que la chica es muy mala actuando) hace que en algunos momentos resbale.

Un policía muy bruto (un crítico lo ha definido acertadamente como el Torrente serio) se carga a casi todo el bicho que encuentra en esta cinta y empieza por tres o cuatro en la secuencia del principio (no os voy a adelantar ni cuántos son en esa fenomenal secuencia). Y a partir de ahí se desarrolla una intriga policial en la que el policía bruto (Coronado) investiga casi en paralelo a la jueza estirada (Helena Miquel) y el policía de traje (un Juanjo Artero al que parece pegársele el estilo de Helena en algunas partes de la película).

Se trata de una obra de cine negro, oscura, furiosa, potente, con un Coronado desbordante, inmenso, y alrededor del cual gira todo e incluso desaparece la mano de un Urbizu que no llega a su grandísima “La vida mancha”, pero sí parece estar a la altura de “La caja 507” (aunque sin un Resines). Fascinante en los momentos en los que sale el que en su día fuera galán de la televisión española (por cierto, que el “nuevo galán” Rodolfo Sancho, sale en créditos, pero no sabemos muy bien para qué aparece en la película), convencional en los momentos en que él no sale, es en cualquier caso una película muy entretenida, muy bien realizada, con unas muertes (en cuanto a sonido, planos, etc.) muy creíbles y que merece la pena ver.

EL ÁRBOL DE LA VIDA, BONSÁI, MISS BALA ….

Fueron otras de las buenas propuestas del día, pero ésas ya las vimos en Cannes y, además, no da tiempo para hablar de ellas en esta crítica. Además de que tengo la sensación de que “El árbol de la vida” tengo que verla de nuevo para sacarle todo lo que tiene, o lo que no.

Mientras tanto, seguimos en Radiocine, haciendo lo que podemos y dejando lo que no podemos para otro día.El Palacio Kursaal de noche

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